Italia 1934: El Mundial que ganó el Fascismo

Así se jugó… Italia 1934 | Mussolini se corona campeón - Pluma

Es un hecho que la política está involucrada en el fútbol. Las federaciones tienen acuerdos con el estado, las trasmisiones televisivas, la seguridad, entre otros.

Pero hay casos donde la ambición, el abuso de poder y la política utilizada con violencia han llevado a manchar la historia del fútbol. Y Benito Mussolini fue uno de los precursores.

Si bien la intención del entonces presidente de Italia era ser sede del primer mundial, desarrollado en 1930, no pudo conseguirlo y decidió centrar todas sus fuerzas en la siguiente Copa del Mundo a disputarse en 1934. Tal es así que obligó a Suecia a bajarse como candidata y en 1932 la FIFA confirmó que se jugaría en suelo italiano.

El Mundial de Uruguay generó repercusiones en cada continente, y Mussolini entendió que realizarlo en su país y, por sobre todo, ganarlo, le daría alcance internacional para expandir su imagen y poder, y así pregonar los ideales del Fascismo.

Italia ganó el Mundial, sí, pero no por sus propios medios. Digamos que el que lo ganó fue el mismísimo Mussolini, y no precisamente por arengar a su selección o formar estrategias innovadoras y un equipo sólido. Lo suyo era más bien la compra de árbitros y el quebrantamiento de las reglas establecidas por la FIFA, ente que ayudó a que “Il Duce” cumpla sus deseos.

Uno de esos hechos más resonantes fue la nacionalización de cinco jugadores, lo cual no estaba permitido. El brasileño Anphiloquio Guarisi y los argentinos Enrique Guaita, Raimundo Orsi, Atilio Demaría y el capitán de la Selección Argentina en el mundial anterior, Luís Monti, fueron los seleccionados por Mussolini para mejorar su equipo.

Este tipo de artimañas se vio en cada una de las etapas de la Copa del Mundo, y a medida que Italia avanzaba de fase, el nivel para seguir clasificando era cada vez más difícil y los arreglos de Mussolini más evidentes.

El conjunto europeo comenzó su peripecia en octavos de final ante Estados Unidos en el único encuentro que dominó sin inconvenientes, goleando 7 a 1 a los norteamericanos.

Así clasificaban a los cuartos de final, donde tendrían el partido más difícil y más polémico, ante España. El equipo local era consciente de que su rival era superior, y sabiendo que el árbitro, René Mercet, estaría de su lado, utilizaron como herramienta efectiva las duras y excesivas faltas para frenar el potencial español y lograr finalizar el encuentro igualados 1 a 1.

En esa época no existía la definición por penales, por lo que se debía jugar un nuevo partido al día siguiente. El resultado del juego agresivo por parte de Italia tuvo sus beneficios en el duelo definitorio ya que España no pudo presentar a ocho de sus jugadores que habían terminado lesionados, entre ellos, la figura del equipo, el arquero Zamora, que se fue del partido con dos costillas rotas.

De igual manera Italia tuvo tres jugadores lesionados, pero las bajas fueron menos y lograron vencer en la revancha por 1 a 0 con gol de Giusseppe Meazza, avanzando así a semifinales.

Nueva fase y nuevo sufrimiento para la selección local, esta vez ante la sorprendente Austria que deslumbraba con Matthias Sindelar como la estrella del equipo. Otra vez las polémicas decisiones arbitrales serían las protagonistas, ayudando a Italia a ganar por 1 a 0.

Es necesario aclarar que a pesar de la ayuda que recibían por parte de los árbitros y de haber llegado a la final, los jugadores italianos pensaban en ganar no por su orgullo y ambición de ser campeones, sino por el simple hecho de salvar sus vidas.

La obsesión de Mussolini con el Mundial y con el poder, había llevado a amenazar a los jugadores con ganar si o si la Copa del Mundo. El líder fascista llevaba más de 10 años en el poder y los futbolistas sabían del sufrimiento que podría acaecer en sus vidas sino conseguían el anhelo de “il Duce”.

No había alegría en los jugadores italianos en disputar la final, la presión del mandatario se había apoderado de ellos, y sabían que su futuro dependía del último encuentro ante Checoslovaquia.

Llegamos a la primera final entre selecciones europeas, donde los visitantes comenzaban de mejor manera el encuentro. A estas alturas no extrañaban las actuaciones de los árbitros, y el penal no cobrado en el primer tiempo a Puc evidenciaba que Italia debía ganar como fuera. No obstante, como en cada partido, tuvo que sufrir para ganar.

A los 76 minutos fue precisamente Puc quien le daba la victoria a Checoeslovaquia, y el miedo se apoderaba de los italianos que solo tenían quince minutos para revertir la historia. Pero cinco minutos después el argentino nacionalizado italiano, Raimundo Orsi, igualó el encuentro y los locales volvieron a respirar.

Finalizado el partido se debió jugar un tiempo suplementario donde Schiavio convirtió el 2 a 1 definitivo para que Italia gritara campeón por primera vez en su historia. No fue un grito de alegría. Fue un grito de desahogo, de sacarse un peso de encima.

Italia y Mussolini ocuparon las portadas a nivel mundial. “il Duce” lo había conseguido. Sabía que el fútbol enaltecería los ideales que buscaba promover el fascismo, proporcionando legitimidad al régimen.

Con el correr de los años, se pudo ver con más claridad. Italia 1934 fue uno de los mundiales más polémicos, donde la política influyó de manera negativa. Y el fascismo manchó el fútbol. La historia sirve para no volver a repetir los errores del pasado. La corrupción seguirá siendo parte del fútbol, pero esperemos que no venga de la mano de la violencia y el terror, como sucedió 85 años atrás.

FOTO: uma.edu.ve

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