“El equipo de oro”: la generación húngara que deslumbró al mundo

El equipo de oro: la Hungría de los 50 | TresCuatroTres

Con el fútbol europeo en constante crecimiento, la expansión del comunismo en gran parte del continente, y con una moderna y original idea de juego, Hungría irrumpió en el plano mundial condicionada por la política de su país, los ideales de los jugadores y el hambre de hacer historia.

El nazismo y el fascismo estaban en sus últimos años, la Rusia de Stalin expandía el comunismo por Europa del Este y el continente se recuperaba de los daños ocasionados en la Segunda Guerra Mundial. Con muchos intereses en juego, Hungría comenzaba a formar un equipo de ensueño que se haría su nombre a coste de esfuerzo, talento y sacrificio.

En rasgos generales, la selección húngara estableció una nueva idea de juego que tenía sus bases en la formación 4-2-4, un equipo que defendía y atacaba en su totalidad y con una capacidad goleadora que abrumaba a los defensores rivales. En su época dorada que abarcó de 1949 a 1956, disputaron 53 partidos de los cuales solo perdieron uno. Récords, goleadas y una dolorosa derrota, fueron las huellas que dejó el equipo de Puskas, Sebes y compañía.

El líder de un nuevo fútbol

Es momento de hablar de los protagonistas, comenzando por la cabeza, Gusztav Sebes, el Director Técnico de la Selección de Hungría que asumió su cargo en 1947.

El entrenador comenzó su etapa con cambios radicales y hábitos inusuales en el mundo del fútbol. El primero de ellos fue establecer un cronograma de entrenamiento de 4 a 6 horas diarias, cuatro días a la semana.

Este disciplinamiento, sumado al requisito (que venía de la mano con los ideales comunistas) de que todos los jugadores que integraban la selección debían jugar en su país, principalmente, en uno de los cuatro equipos de la capital (Ferencvaros, MTK, Vasas y Hónved), hizo que los jugadores puedan afianzar la identidad de juego planteada por Sebes.

Otra decisión de suma importancia fue darle protagonismo a las jóvenes promesas e inculcarles desde sus inicios en la selección, la idea de juego que tenía en mente. Así fue como llegaron Frank Puskas, Zoltan Czibor y Sandor Kocsis, entre otros.

Un gran líder, no puede serlo solo en algunas áreas, tiene que serlo en todas. Y que el equipo confiara en Sebes y sus estrategias, tiene sus orígenes en la relación de amistad e incluso paternal, en algunos casos, impartida por el entrenador húngaro.

Un claro ejemplo fue lo sucedido con Lorant, uno de los integrantes de la selección que intentó escapar de la Hungría comunista pero fue detenido. Ante esta situación, Sebes decidió intervenir y hacer uso de la buena relación que mantenía con el líder Rakosi para liberar a Lorant, quien le devolvió la confianza no intentando huir del país, incluso cuando el equipo viajaba a otras naciones.

Kubala, la estrella excluida

Si había un jugador que sobresalía y se destacaba por encima de toda la generación húngara, ese era Ladislao Kubala, quien años más tarde se convertiría en uno de los máximos ídolos de la historia del Barcelona.

Sin embargo, Kubala jugo tan solo seis encuentros con la camiseta de Hungría. Ferviente idealista anticomunista, Ladislao tomó la decisión de cruzar la “Cortina de Hierro”, dejando atrás toda posibilidad de continuar jugando en la selección del país donde nació, donde fue considerado como traidor y debió afrontar acusaciones por parte del estado húngaro y suspensiones de la FIFA.

Junto a otros compañeros, Kubala traspasó la frontera de Austria en un camión con matrícula soviética y se radicó en Italia para jugar en el Aurora Pro Patria 1919, el único equipo que le dio garantías económicas, sabiendo que se exponían a problemas con el gobierno de Hungría por albergar a un jugador que huyó de su país.

Luego de varios años, su buen futbol lo llevo al Barcelona español donde encontró estabilidad económica, social y profesional en el mundo del fútbol.

Helsinki 1952: Hungría se establece como uno de los mejores equipos del mundo

Torneo Olímpico de Fútbol 1952 - Helsinki 1952 - FIFA.com

Finlandia albergó los Juegos Olímpicos y el fútbol era uno de sus mayores atractivos, si bien ahora ha perdido gran importancia dentro de esta competencia, en ese momento obtener la medalla de oro tenía un significado similar a ganar la Copa del Mundo. Y ahí estaba Hungría, un equipo desconocido a nivel internacional que se escondía bajo la sombra de Italia, Yugoslavia, Alemania y Brasil.

De menor a mayor, Hungría fue sorprendiendo y ganándose los aplausos del público. Con un ajustado 2 a 1 a Rumania en la ronda preliminar, el equipo de Sebes lograba avanzar a la Primera Ronda donde dieron el primer gran golpe: goleada 3 a 0 ante Italia, el ya dos veces campeón del mundo.

Pero lo mejor estaba por llegar, y en las siguientes rondas, los húngaros comenzaron a desplegar su faceta goleadora anotando 13 goles en dos partidos. Fue 7 a 1 a Turquía en cuartos de final y 6 a 0 a Suecia en semifinales.

A estas alturas Hungría era temible, y sabían que podía suceder cualquier cosa, aunque en la final no lo iba a tener nada fácil ya que el rival sería la poderosa Yugoslavia que llegaba por segunda vez consecutiva a la final de los Juegos Olímpicos.

Un 2 a 0 a su favor fue el golpe final. Sebes, Puskas, Lorant, Hidegkuti y compañía llegaron a la cima recibiendo el reconocimiento de todo su país y de todo el continente.

La lección de fútbol a Inglaterra

Después de las arrasadoras victorias en Finlandia, el equipo revelación recibió al año siguiente, la invitación de la Selección de Inglaterra para jugar un encuentro amistoso. Lo que parecía un simple partido y un buen entretenimiento para el público inglés, terminó en la primera derrota de local contra un equipo que no pertenecía a las Islas Británicas, tras una sorprendente goleada por 6 a 3.

El orgullo de los ingleses quedó tocado, y no podían permitirse tal papelón, por lo que pidieron revancha, que fue concedida a disputarse en tierras húngaras. Como si no hubiera bastado con el primer partido, el conjunto dirigido por Gusztav Sebes desplegó todo su potencial ofensivo, el hambre de ganar seguía intacto y un humillante 7 a 1 estableció a Hungría como el máximo favorito para ganar el Mundial a jugarse un año después.

Suiza 1954: el milagro de Berna y la espina del Equipo de Oro

Con la victoria en Helsinki, las goleadas a Inglaterra y con una racha de 27 partidos sin perder, Hungría era el máximo favorito para ganar la Copa del Munado y cada encuentro que pasaba, menos dudas quedaban que se alzaría con el trofeo.

En Fase de Grupos no tuvo piedad y en los dos partidos que disputó anotó 17 goles, ¡Una locura! Primero fue un 9 a 0 a Corea del Sur, y después un aplastante 8 a 3 a Alemania. Así avanzaba a cuartos de final donde se enfrentaría a Brasil en un partido que quedaría para la historia como uno de los más violentos, y que pasaría a ser conocido como la “Batalla de Berna”. A pesar de las duras faltas, las tres expulsiones y los enfrentamientos entre húngaros y brasileros con golpes de puño y botellazos de por medio, los europeos lograron ganar 4 a 2 y clasificar a semifinales.

Otro duro partido se avecinaba, el conjunto de Sebes tenía por delante a Uruguay, que venía de dar el batacazo en el Maracaná cuatro años antes. A pesar de su poderío y antecedentes, Hungría no tuvo problemas y con otro 4 a 2 avanzó a la final donde se enfrentaría a Alemania, a quien había derrotado en fase de grupos por 8 a 3.

La racha de invictos se extendía a 32 partidos, al rival lo había goleado unas semanas antes y no había dudas del resultado final. Pero si algo destaca a este maravilloso deporte, es lo imprevisible y sorprendente que puede llegar a ser. Sin ir más lejos, ya lo había demostrado la selección uruguaya en el mundial anterior.

Y este encuentro no quedaría exento a las sorpresas. Lo que parecía el trámite final para alzar el título, terminó siendo una pesadilla. El equipo liderado por Puskas, tenía todas las papeletas a su favor pero no contaba con un aliciente determinante en ese encuentro: la lluvia.

Jorge Barraza: Una leyenda llamada Puskas | Columnistas | Deportes | El  Universo
Ferenc Puskas, el líder del equipo dentro del campo de juego

El clima no es excusa, pero sin querer queriendo, los alemanes contaron con un as bajo la manga que le dio la ventaja para asentarse con un terreno de juego que se iba desmejorando con el correr de los minutos.

El partido comenzó como se esperaba, a los 8 minutos el equipo de Sebes ganaba 2 a 0 con goles de Psukas y Czibor, sin embargo, los alemanes sorprendieron rápidamente y a los 18 minutos el encuentro ya estaba 2 a 2.

En el segundo tiempo lo predecible se volvió impredecible. La lluvia cambió el ritmo del partido y el destino de la Copa del Mundo. El terreno se fue convirtiendo en lodo, y los húngaros no lograban establecerse en el campo de juego, en cambio, los alemanes pisaban con firmeza e inclinaban la victoria para su lado. ¿A qué se debió esto? a los botines.

Así es, el calzado comenzaba a tener importancia en el futbol. Un desconocido Adi Dassler convenció a la selección alemana de utilizar su último lanzamiento: unos botines más livianos y flexibles, con tapones intercambiables de aluminio, lo que terminaron beneficiando con el campo de juego lluvioso. El zapatero alemán, que años más tarde sería el fundador de Adidas, le ofreció su producto a las dos selecciones, pero los húngaros lo rechazaron al tener un contrato de exclusividad con una marca de su país.

Y a seis minutos del final, Helmut Rahn marcó el 3 a 2 definitivo a favor de los alemanes. El dolor fue inmenso, era el Mundial a ganar, la historia había sido injusta con los húngaros. Los teutones se convirtieron en héroes en su país, alcanzaron la gloria y derribaron al equipo estrella de la época. El milagro de Berna había ocurrido y los alemanes obtenían así su primer título mundial.

Futbol socialista, el precursor del futbol total

A pesar de la dolorosa derrota en 1954, la Selección de Hungría dejó su marca en la historia del fútbol, no solo con sus récords sino que también por las innovadoras ideas de juego que estableció, y algunas de ellas son utilizadas, a día de hoy, por los mejores equipos del mundo.

En la actualidad, el estilo de juego ha comenzado a enfocarse en el rendimiento de los jugadores, en su estado físico y en sus habilidades. En sus primeras décadas, la inteligencia pasaba en gran medida, por las estrategias e ideas propuestas por entrenadores y jugadores, como la experimentación de nuevas tácticas, formaciones originales y la búsqueda de un mejor uso de distribución del campo de juego.

Para esto, Sebes tomo en consideración algunas de las ideas propuestas por dos de las mejores selecciones de la década del 30, los equipos de Austria e Italia, y las aplicó a su formación predilecta: un 2-3-3-2 que con el correr del partido se transformaba en un ofensivo 4-2-4.

Inspirado en el irlandés Jimmy Hogan y la selección austriaca de Hugo Meisl, ideó un sistema táctico original, flexible y versátil donde todos los jugadores cumplían la función de atacar y defender y de intercambiar de posición, generando un equipo completo y hábil, desorientando a los rivales.

Un jugador clave en este sistema de juego fue Nándor Hidegkuti, uno de los primeros en jugar como falso 9. El futbolista del MTK era hábil en la lectura de juego, lo que le permitía desplazarse con facilidad en su nuevo rol, atrayendo a los defensores rivales y dejando vía libre a sus compañeros para avanzar al área contraria, o buscando los huecos para ser el receptor y marcar los goles.

Hungría era una máquina, el Oro en Helsinki, el subcampeonato mundial en Suiza donde tienen el récord de más goles en una Copa del Mundo con 27 anotaciones, y la racha de haber perdido un solo encuentro en seis años, lo avalan como uno de los mejores equipos de la historia.

El fin del “Equipo de oro”

Durante toda su travesía, la política y las decisiones del gobierno influyeron a la selección en mayor o menor medida. Y el final de esta generación se dio en simultáneo con la revolución contra el gobierno comunista en 1956.

En el mes de octubre de ese año, el Honved (uno de los mejores clubes húngaros de ese momento) viajó a España para enfrentarse al Athletic Bilbao en un partido correspondiente a la Copa de Europa. El encuentro debía disputarse en el estadio del Honved, pero el clima prerevolucionario se sentía en las calles, y se decidió jugar en la cancha del Athletic.

Un día después del partido, estalló la revolución contra el gobierno comunista. El enfrentamiento entre el ejército y los comandantes de la revolución fue de tal magnitud que los jugadores del Honved que se encontraban en España tomaron la decisión de no volver a Hungría y el partido de vuelta se disputó en Bruselas, Bélgica.

Ante esta situación, Puskas, Czibor y Kocsics, entre otros, deciden no volver a su país y piden asilo en España quien los albergó sin inconvenientes. Los futbolistas de otros equipos húngaros tomaron la misma resolución. Por su parte, la Federación de Hungría los declaró personas non gratas y una vez finalizados los enfrentamientos, ninguno de estos futbolistas pudo volver a jugar con la selección.

Un año después, en 1957, Gutstav Sebes deja de ser entrenador de Hungría, dando fin a la época más gloriosa del fútbol, húngaro y uno de los precursores en marcar el camino al fútbol actual.

Por Facundo Palomo

FOTO: trescuatrotres.com

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